Web del escritor Américo Ramírez

Basado en hechos reales

Adiós al impostor.

25 de febrero de 2025

¡Felicitaciones por la novela! Gran triunfo personal. ¡Buen título! Por favor, envíamela, apenas salga y vienes una noche al programa y conversamos.

Un gran abrazo

Jaime.

Con ese correo empecé el primer contacto para promocionar mi novela «Esos nombres raros», que estaba cocinándose en Argentina y se encontraba a solo unos meses de lanzarse. Jaime Bayly, además de ser mi inspiración literaria desde finales de los años 80 con «La noche es virgen», «No se lo digas a nadie», se convertiría en mi amigo treinta años después. ¿Quién lo habría imaginado?  Para ser honestos, una amistad que ha sido desequilibrada, ya que el único que ha obtenido algún beneficio de ella he sido yo. Jamás a la inversa. Jaime me ha firmado todos sus libros. Me entrevistó en su programa, me ayudó a dar a conocer mi primera novela, «Demoliendo la casa de los sueños» y me ha compartido incontables consejos útiles sobre la escritura y su peculiar universo. Esos invaluables aportes nunca podrán ser comparados con el par de baratijas que le he obsequiado a mi amigo Jaime, y que acepta con tanta gratitud como si fueran enviados por los mismísimos Reyes Magos. Como la gorra Bentley que le regalé por su cumpleaños 60.

22 de mayo de 2025

¡Qué belleza la gorra Bentley! Me ha encantado. Felicitaciones por la novela, querido Américo. Cuando puedas, mándamela al canal porfa.

¡Abrazos!

Tras tres meses, se publicó el libro. El primer ejemplar fue para el escritor peruano. Aproveché que mi cuñada tenía un examen médico en Miami y que mi esposa la llevaría, para que ellas dejaran el libro junto a unos pequeños regalos en las instalaciones del canal donde Jaime hace su programa. Debí haberlo llevado yo; sin embargo, ¿cómo podría desaprovechar esa oportunidad tan redonda? Dicho en perfecto venezolano, era una “manguangua”, imposible pelar ese boche. Mi preocupación por no hacer la entrega personalmente consistía en que el paquete podría quedar varado en la estación del olvido, ya que el personal que lo recibiría en la mañana ya habría terminado su horario laboral cuando Jaime llegara a final de la tarde al canal. Sin embargo, opté por asumir el riesgo. ¿Adivinen qué pasó cuando le pregunté si lo había recibido?

3 de junio

¡No me han entregado nada! Sí, serán despistados. Hoy mismo lo reclamo. Mil disculpas.

Gasté un cartucho al incomodarlo para preguntarle sobre el paquete. Insistir majaderamente, podría enrarecer el ambiente ideal para cuando se piden estos tipos de favores. Al manejar estas situaciones, se está obligado a usar guantes de seda. Pero era arriesgarme o dar por perdido el paquete.

4 de junio

Querido Américo, tengo tu libro. ¡Qué ilusión leerlo! Gracias por tantos detalles de cariño

Te escribiré pronto

¡Un gran abrazo!

Jaime.

¡Qué alivio fue leer ese correo!, El libro ya recuperado y, además, saber que los pequeños detalles que acompañaban mi novela y que con delicado esmero habría preparado mi esposa fueron de su agrado, era una excelente noticia. Pero como es habitual en mi vida, una vez que se soluciona un problema, otro más complicado aparece para ocupar su lugar. Haber afirmado que la leería y que pronto me escribiría constituía una evaluación literaria que no había previsto. El laureado con el Premio Herralde y finalista del Premio Planeta, se tomaría el tiempo de examinar las páginas elaboradas por un escritor doméstico, de talento cuestionable, sin academia ni kilometraje; el panorama no pintaba nada bien.

 Así como he defendido la bondad de Jaime, definitivamente heredada de su madre, también debo resaltar su honestidad intelectual, que es uno de los activos con el cual se reconoce su ejercicio del periodismo valiente y audaz al que nos ha tenido acostumbrado por décadas. A Bayly no le tiembla la voz para decir las verdades sin importar quién esté en frente. Por ello se le conoce como el francotirador, o el niño terrible. Así entré en una zona nada confortable en donde mi intención de ir por lana acabaría dejándome trasquilado. En mi hoja de cálculo mental, solo esperaba que Bayly diera a conocer mi nueva publicación, solo eso. Ahora tenía que enfrentar su revisión. Estaba seguro de que terminaría decepcionado, y la recomendación tan anhelada se iría desvaneciendo.

 25 de junio de 2025, 5:57 pm

Querido Américo.

¡Feliz día del padre!

¡Que pases un lindo día!

¡Me traje tu novela a LA, disfrutándola mucho!

¡Gran abrazo!

Jaime.

Era la primera vez desde el 2018 que Jaime ha iniciado una conversación. Todas las anteriores habían partido por mi iniciativa, casi siempre para felicitarlo por su cumpleaños, Navidad o algunos lanzamientos editoriales, etc. Un día del padre que había empezado con el pie izquierdo, ya que nuestra gata Kendra no regresó de una visita veterinaria de emergencia debido a un decaimiento que cada día se iba acrecentando. Un mal sabor de no poder despedirme como ella merecía había menguado ese domingo. Jaime, venía de pasar con su familia una semana en California y cumpliendo su palabra se llevó dentro de su equipaje a mi novela. Quizás el examen no había salido tan mal. 

26 de junio. 2 :00 am 

Querido Américo.

Estoy en el vuelo desde Los Ángeles a Miami.

Acabo de terminar tu novela. Estoy profundamente conmovido. Has escrito una novela formidable, extraordinaria, que acaba, por todo lo alto, como una obra maestra. Brillante, querido amigo. Me costó trabajo entrar en ella, pero una vez que entre, ya no pude dejarla y me arrastro con la fuerza de un huracán. Las tres mujeres de Mariano son memorables; los diálogos fluyen con naturalidad; los contrapuntos de humor se agradecen; los pasajes eróticos están narrados con delicadeza; pero, sobre todo, el final es muy sabio, muy bien logrado. Américo, esta novela debe publicarse en España y, si es posible, en Venezuela. Con esta novela te vas a consagrar como una de las voces más ricas y originales entre los escritores venezolanos. Por último, gracias por la alusión del tal Bayly: ¿de veras se veía El Francotirador en Caracas? Un fuerte abrazo con la emoción de haber vivido tu novela intensamente.

Jaime.

Tuve que leer el correo varias veces. No podía creer lo que decía. Un análisis tan minucioso y profesional de alguien con esa estatura profesional me llevó directo a conocer el olimpo. Jaime Bayly, de un solo golpe, aniquilo a un matón llamado síndrome del impostor que residía en mi mente desde el primer día en que comenzó mi carrera como escritor, y que con cínica crueldad me recordaba que no merecía compartir el oficio de tantos buenos escritores. También disfruté al ver cómo mi esposa leía con orgullo el correo a sus amigos. Yo creo que ella estaba orgullosa de mí. Excelente sensación. Le escribí a Jaime para expresarle mi agradecimiento por tan preciado e inolvidable gesto; él me respondió que solo expresaba lo que había sentido. 

Al día siguiente, leí su columna de «el francotirador» y confirmé todo lo que había dicho antes.

EL GORDO DEL AVIÓN

Por Jaime Bayly

La fe en el futuro consistía en esperar desde la una hasta las cuatro de la tarde, cómodamente repantigados en los sillones de aquel salón. Yo leía una novela escrita por un amigo. Como suele ocurrirme cuando leo un buen libro, había perdido la noción del tiempo, no estaba atento al reloj. Recordé que siempre hay que viajar con un buen libro. En caso de vuelos demorados o cancelados, es el mejor compañero de viaje.

Gracias, amigo. 

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